jueves, julio 08, 2010

Geografía interior II

GEOGRAFIA INTERIOR II (ESCENAS DE CIUDAD)


 

(Prólogo)

Los párpados caen

para proteger de la luz que entra

por la ventana, al cerrarse, una película

obscura comienza a reproducirse;

al filo, al momento

en esta piel: el destino.


 

Atmósferas citadinas

I

Preludio

las campanas de una catedral olvidada que llaman a los transeuntes

el clamor extendiéndose sobre la calle

por los edificios que ocultan el cielo estrellado

sólo el cielo citadino

ocupado por los autos que no se detienen.


 

II

La luz sesgada sobre la acera,

el tic del opaco farol que se apaga y enciende,

y en la sombra no alcanzada por la bombilla, una imagen:

el borracho que abandona toda carne por la calle

hombre de arena desgranando la suerte

el eco de la ciudad rompe con la cámara ciega


 

III

La luz filtrada de la luna

cayendo como polvo

frágil estatua de carne

se asemeja a una mujer por la ventana

mujer dividida meciéndose en la sombra.


 

Atmósferas interiores


 


 

I


 

Poca luz

abrumada la habitación

la cortina temblorosa

el sueño que no llega

imperceptible

el fuego

viento adagio

bajo la niebla

vibrando

una voz, a través de la piel, diluida


 

II

Delirios,

despertar

entre habitaciones.

Los

destellos

desgarran, la oscuridad

desmembrándose

en sombras, sosteniéndose sobre el muro apenas.

La voluntad de la marea

LA VOLUNTAD DE LA MAREA

I

Súbito, los violines reverberan hasta en las sábanas.

Hambrientas, las bestias desgarran la claridad.

Entre las piernas, la espesura húmeda, temblorosa.

II

Los muslos apretados, la ruta

del aliento. Los relámpagos

iluminan

las habitaciones sordas. Los disparos

que no se lamentan,

al aire, la piel. El oído,

respira, el cristal

se empaña de labios a labios.

III

La gravedad, los fragmentos

que hacen la vida. El perfil

de una lagrima que cae. La gota

se infiltra en la arena. El rastro de sol

que llega hasta los pies descalzos,

se mete en el mar; la brisa salada.

IV

La brisa sobre la mancha,

la sangre huele a mar,

salada como el mar.

El sexo látigo de agua que atormenta a la sirena.

miércoles, julio 07, 2010

GEOGRAFÍA INTERIOR

GEOGRAFÍA INTERIOR

I

De la ciudad, el ruido rabioso resulta tan próximo, pronto penetra

se queda en los oídos

como la canción pegajosa de la radio, resuena, reverbera

como en una caja vacía, como una caja vacía

como esa otra región de la vida

de las palabras evitadas, dejadas en el estanque

como una piedra que se hunde sin hacer eco ni onda ni hueco

como el silencio de los que siempre hablan.

II

Ella con la pierna cruzada, desnuda, se acaricia el perfume del cabello

mientras el parásito melancolía avanza entre los senos, lame la sal que no brota

recorre la brusca geografía de los recuerdos anatómicos

anda por vacíos vanos y escollos; barreras, periferias, muslos

y ella suplicio recuenta cada paso de labios en el espejo

busca la métrica perfecta: una lengua del ombligo a la costilla, un cuadrado de piel

cierra los ojos, sin prisa aparece un color de sangre venosa bajo el rímel en los párpados

entretanto en las calurosas irremediables sábanas, el silencio: su amante persistente.

III.

La luz en el buró ilumina insoportable inevitablemente

el desierto de la cama a la puerta,

él camina sudoroso sediento, hacia la salida

la sal que cae de su cuerpo va formando una ruta intransitable

atajada por senderos sordos y monólogos inconclusos

sus propios pasos se alejan de él

en el baño, un chorro de agua flácido y flaco resbala

el dolor fluye como bullicio de un descolorido mercado

su humedad se pega a las comisuras de los temblorosos labios

mientras de una hendidura gotea sangre roja mancha uno de los pies

sin calmar la sed, el silencio de los otros, afuera.












lunes, febrero 22, 2010

INDICIOS

I

En la forma de los dedos

descubrir

catalogar cada caricia

intuir

cada línea

como una gitana

frente

al presente

el pasado

y el porvenir

de dos cuerpos desnudos.


II

Poco a poco

los labios

persiguen los rastros

que el tacto ha tejido

redes de piel y vacíos

más labios más tiempo

que no ha de repetirse.


III

Lo que se dice

no está en las palabras

ni en los silencios

sólo en los labios que se abren

sólo para otros labios.





http://www.youtube.com/watch?v=g5_E7dvnPm0&feature=related

domingo, octubre 18, 2009

November 13th.

Undressed in front of me,
the threes are outside.
Without the green backcloth,
their delicate bodies perform
the revelation dance. I can watch
through the window
in the neighbor's house. The winter
exposes her
life to me. I am the voyeur.
Abrasive glance, as the cold
wind, wants to know about her.
The wind wants to know about her.
The cold wants her.
Dressed, she still feels
the bareness. The blow
discloses the desire
of warmness. The winter
remembers the fragility,
the nature of her
uncovered body.

13 de noviembre

Desvestidos frente a mí,
los arboles están afuera.
Sin el telón verde de fondo,
sus delicados cuerpos interpretan
la danza de la revelación. Puedo ver
a través de la ventana
en la casa vecina. El invierno
descubre
su vida para mí. Soy el voyeur.
Abrasiva mirada, como el viento
frío, quiere saber acerca de ella.
El viento quiere saber acerca de ella.
El frío la quiere.
Vestida, ella aun siente
la desprotección. El soplo
revela el deseo
de tibieza. El invierno
recuerda la fragilidad,
la naturaleza
de su cuerpo descubierto.

martes, septiembre 29, 2009

Hojas Sueltas

Fragmentos de mi diario, sin fechas (Aunque casi estoy segura de que todos son anteriores al 2002).


La luz inclinada sobre la acera. El tic nervioso del farol que se apaga y enciende.
Quietud. Como una fotografía. Quietud.
Nublan las repeticiones.
Quietud. El vaivén sincrónico de la gente que parece haber sido practicado desde la eternidad, como las olas del mar.

---

Todo, colores y olores se me avecinan a la vez que tu voz, abuelo, contándome del camino del rancho hacia aquí, de tu padre y del carbón que traían para vender.
El tiempo es el mismo. La casa donde nací. La gente es la misma, abuelos o nietos. La parada de autobús. Sólo el ruido de los automóviles.

---

Las campanas que llaman a misa.
Las hojas de los árboles en lo más íntimo de las heridas, de las pérdidas, de las ausencias.
El silencio citadino aventaja en vacuidad, en soledad infinita.

---

Apenas miramos hacia la ventana, nos habia parecido escuchar algo, queriamos que afuera hubiera algo que escuchar porque adentro estaba vacío, pero no pudimos encontrar calor que nos arrebatara este saco frío.

sábado, septiembre 26, 2009

Fragmentos

Fragmentos

I

El cuerpo que no se abre doloroso

Una caja Una caja rota de música

tocándose

Una caja -sobre la cama-

Una caja vacía.

desacorde.


II

Los labios del amante abiertos

Una caja Caracoles con el eco de mar

esparciéndose

Una caja -sobre el cuerpo-

Una caja artificios.

imprecisos.

jueves, septiembre 03, 2009

PIEZAS DE UNA DANZA OTOÑAL.

PIEZAS DE UNA DANZA OTOÑAL


Un día en años desde siempre

para siempre un rostro de muchacha devastado

esa imagen ahí en el mismo silencio que antes

demasiado tarde ya para un camino imprevisto

los brutales rasgos uno a uno

uno a uno los labios segados por una travesía de arrugas secas

de estaciones de sequía de hormigas rojas

lacerados de meses cortos y largos de los hijos perdidos amados

desde siempre perdidos en ese cuerpo del destierro

la mirada una fotografía perpetua eternamente sin tiempo

como un camafeo griego el retrato ese rostro premonitorio

definitivo.






A cierta distancia los movimientos: una danza

del ciruelo tibio y otoñal. Las hojas, en el viento

la dulzura de ciertos frutos añejada;

las mariposas como hojas cerradas y abiertas

las heridas; los niños hambrientos entre las guillotinas,

el campo ondulado de suave melodía de los grillos saltarines

entre sábanas de margaritas y girasoles; agitadas

celosías, tenues impulsos del ballet diario vespertino.





Equilibristas

de un circo permanente pendiente de los hilos del follaje

de los clavos las lanzas las espinas

de la carpa extendida

quietos

silábicos amantes

malabares aprendidos de memoria

sobre la cuerda paralítica

esqueletos andamios monociclos

salto mortal con tres giros

las bocas abiertas los aplausos cerrada la función y las cortinas.






Completamente abierta

-delante de nosotros,

a raudales- la habitación;

largo tiempo

sin palabra alguna;

desalentada; descalza; delgada

la historia de rejas y parques

iluminados por faroles desabridos;

esa luz de débil intensidad

sobre un triste desayuno a media tarde;

una tercer música entre las palabras

el silencio entre nosotros.


http://www.youtube.com/watch?v=AOLg_XY2cWA&feature=related

viernes, julio 24, 2009

La batalla

I
El estruendo de las herraduras chocando
hay racimos en los techos de frutas
ya no tienen forma
las mujeres van al galope
atravesar ciudadades se disponen
de pronto están calmadas
en las alcobas
en el suelo la tierra batida
a la sombra
en el espesor de las sábanas.


II
Todavía ellas
la última batalla
agarradas de los estribos
huyendo
no miran esa ciudad
ni ninguna del camino
viéndose con los ojos cerrados
hasta no parecerse a nada conocido
desvían la mirada hacia afuera

III
El viento inclina la hierba
cestos de mimbre llenos de aves
una venta de caballos de guerra
palpando los músculos de las bestias
herir y ser heridos
hacer esclavos
los cuerpos expuestos
terminantes definitivos dentro de la celda
el recinto sin más palabras
Ahí ocurre que ya no son ellas mismas
Ahí se sienta el miedo
El dolor es ahí

lunes, junio 22, 2009

ESPEJO

Él, desnudo, piensa en qué prendas debe elegir para esta noche. Por lo que ella dijo en el chat, él cree que debe gustarle a ella la ropa ajustada estilo Ricky Martin. Al salir de la ducha, se mira en el espejo del baño, le escurre agua todavía. Después de vestirse, él estará haciendo la cena. Un platillo que aprendió observando a su madre. Pero en lugar de usar el horno de gas como ella, usará el microondas, aunque le quede la carne un poco dura; le ahorrará tiempo. Mientras tanto, sentada en el sofá, su invitada, la mujer de cabello rubio y ojos grises que estarán pintados con una sombra oscura según recomienden las topmodels, no dirá palabra alguna todavía. Ella deseara encender la televisión como quien abre una ventana cerrada para respirar aire fresco, pero ese aire enrarecido y acongojado que ella creerá parte del departamento y no de su interior, no se disipará. Aun con diez ventanas abiertas ella se sentiría igual. Ella fingirá una risa con un tono de voz un poco más alto. Luego dirá algo acerca de lo que sea, quizás algo que le sucedió en el chat, o sólo dirá "qué gracioso" para que él pregunte alguna cosa acerca del “qué gracioso." Entonces, él se preguntará porque mejor no fueron a un restaurante. Al fin para qué esta haciendo todo esto, si puede quedarse solo en casa frente al computador, disfrutar de una pizza y tener sexo en una página web. Y si acaso quisiera conversar de algo interesante con una chica, buscaría a la de la página del círculo de filosofía, porque su maniquí de piernas largas sólo conoce de publicidad. Él seca su rostro con la toalla, se acerca al espejo y ve un barro en su barbilla, lo exprime y pone algo de pomada contra granos, le parece también que su piel está demasiado pálida y debería ir pronto a la playa o al menos comprarse una de esas cremas de bronceado automático.

miércoles, mayo 21, 2008

LA CASA DE LA ABUELA

LA CASA DE LA ABUELA

El martillo no deja de golpear, luego le siguen los escombros al caer al piso, una y otra vez, el golpe y el caer. Ya lo habré intentado todo para no escuchar esta música de tambores rotos, incluso me cubriré los oídos y cantaré una canción como cuando era niña y no quería escuchar a mis padres, pero el martilleo no se detendrá, seguirá una y otra vez como las llantas del auto de papá que giran y giran sobre el asfalto mientras mi tía Lucia y yo le decimos adiós desde la ventana. Luego sentada junto al tocador miraré a mí tía mientras se cepilla el cabello, jugaré con el alhajero, con los collares al cuello y me comeré el labial rojo. Ella me mirará, se reirá. Me dirá: pequeña Claudia tu madre va a matarme si te ve, ven para limpiarte la cara. Me sentaré en sus piernas y con una franela húmeda me quitará todo el color. Miraré los aretes de piedras azules sobre el tocador, me parecerán estrellas. Mi tía buscará unos zapatos en el closet y yo tomaré los aretes, los guardaré en los bolsillos de mi vestido. Mi abuela me llamará a comer, me olvidaré de los aretes y de todo, excepto de que nunca me han gustado las lentejas, y mi abuela no me dejará levantar de la mesa, hasta que termine la comida. Luego vendrán mis padres por mí, iremos en el coche de papá donde se me caerán los aretes y no me daré cuenta porque estaré jugando con Andreas, mi hermano, que es más pequeño que yo por un año. Días después mi mamá encontrará los aretes, y gritará a mi padre: ¿cómo es que los aretes de Lucia están ahí?. Me esconderé bajo la cama sin atreverme a decir que yo los traje, los ojos de mamá estarán llenos de lágrimas y mi hermanito vendrá como otras veces a esconderse conmigo bajo la cama y nos quedaremos ahí hasta que llegue el divorcio y la tía Lucia para evitarlo, inútilmente se habría ido lejos, sin decir a donde, dejando a la abuela. El polvo blanco y los ladrillos cayendo. Me resignaré a salir de la casa, no opondré resistencia cuando los demoledores me hagan salir, entonces dejaré todo, me iré, huiré, porque en el fondo no hay otra manera de decirlo y si pudiera engañarme trataría de pensar que finalmente “no hay manera mejor” y pronunciaré las frases que mi tía dijo a la abuela al irse: “por el bien de todos”, “el tiempo lo dirá”, “el tiempo sabe”, pero ¿qué sabe el tiempo de nosotros?, jamás se ha detenido a esperar un poco, cuando no hemos querido crecer, por ejemplo, cuando estábamos bien a los cinco años y no queríamos ser como los mayores y cuando tampoco queríamos que la abuela se fuera haciendo cada vez más pequeña, cada vez más arrugada y lenta hasta quedarse muy quieta como la cama en que dormía. Por fin se detiene el martilleo, cierro los ojos, podría reconstruir la casa de la abuela tan sólo con los recuerdos: la vereda del jardín, la escalera hacia la habitación de la abuela y el espejo del tocador donde pasaba horas mirándome, a veces con el vestido sucio por haber gateado bajo la cama buscando los zapatos que primero me había parecido buena idea esconder, hasta que la abuela empezó a buscarlos por todos lados, diciendo que esa memoria suya se había ido corriendo lejos y ella ya no podía alcanzarla, menos sin sus zapatos. Me sentía tan culpable, mi abuela iba perdiendo todo por mí.

jueves, mayo 08, 2008

MINIMALISMO

MINIMALISMO

Hábil y ligera, la mano de David hace trazos sobre una hoja de papel pegada por unas bandas adhesivas a la mesa de dibujo. Iluminada por una lámpara azul, la hoja blanca y estirada va quedando marcada por líneas oscuras. El suave desliz del lápiz es lo único que se escucha en la habitación reluciente, vacía desde que vino Verónica con el camión de mudanzas a recoger su cosas y decir que adoraba el barroco y el color, que no soportaba un día más en ese blanco y silencioso lugar de su relación.
La mano de David deja de dibujar sin soltar el lápiz, ha olvidado que esta ahí, como si el lápiz fuera una extensión de su propio cuerpo. David cierra los ojos y se acaricia la frente mientras una lágrima recorre su mejilla. Con la palma de la mano calla más a la silenciosa lágrima y termina de trazar la línea interrumpida en la pálida hoja.

martes, abril 15, 2008

Minificción

EL cerró los ojos para no ser dominado por la ira, el fuego estaba en las paredes, en los muebles, en todos lados, en él mismo.

Monje budista.

jueves, abril 03, 2008

El poder de unas tijeras. Minificción

El poder de unas tijeras.

Despertó con las tijeras en la mano y una mezcla de sentimientos y sensaciones la consumía. ¿Cómo pudo hacerlo?, se miró en el espejo, pero el recuerdo de la expresión petrificada de Carlos, la noche anterior, se le apareció en su reflejo. Movió la cabeza hacia un lado para no mirar, pero finalmente volvió hacia la imagen en el cristal y se encontró de nuevo ahí.
Piensa que ya no es ella, que no fue ella, que alguna fuerza la ha poseído y que desde entonces ha dejado de ser la misma. Ya no quiere mirarse, pero esta embelesada, encantada con esa sensación extraña y placentera a la vez: la de haberse deshecho de él y así recuperarse a si misma.
Ella por fin lo hizo, tanto tiempo atrapada en las exigencias de Carlos que no podía creer que lo había hecho, le parecía increíble, lo había planeado muy bien, como si se tratara de los preparativos de una cena para los amigos de Carlos, poniendo atención en el más mínimo detalle, con esa pulcritud de las buenas amas de casa. No le importó que él le suplicase, ni las lágrimas, ni los gritos, ahora es libre de él, tan libre que se cortó el cabello ella misma.

miércoles, marzo 19, 2008

Historia rota (poema)

Historia rota

La boca llena de arena,
las preguntas impronuciadas
vagas como los sueños,
no podian tomarse con los labios
cubiertos de fina capa de sal,
la playa de guijarros.
¿Quién decidió ahorrarse las frases gastadas
las frases de tres lagrimas
de quizás sea lo mejor
y quedarnos en silencio?
Entonces sólo se trataba de distinguir,
de acariciar la figura contigua como si existiera dentro.

La historia rota fue una paradoja interminable:
mirar hacia delante de tanto mirar atrás.
Ahogados en el tiempo sin tiempo,
en la tristeza de lo que no se sabe,
en el pasado que no necesita moverse,
piedra viva, un asunto no concluido.

Masiva quietud. Viento ineludible.

Un amor arrastrado al purgatorio,
sin sombra,
sin caligrafía,
sin esperanza.
La obscuridad del paisaje muerto.
La brisa extranjera escribiendo temblorosa,
diciendo tu nombre,
persuadiendo al destino corregido de dar otra oportunidad,
lujuria reivindicando al amor;
pero el dolor impertinente llegó.

martes, marzo 11, 2008

SIN TÍTULO (POEMA)

SIN TÍTULO

De golpe
me arrojo
con mis brazos extendidos
hacia tu cuerpo
así desnudo
agua hacia tu boca
tan absoluta
con mi regazo
y vestido abiertos

de espaldas
lentos
sin vacío

y al tiempo
con tus manos
me aprietas a ti
cerramos los ojos
comienzo a susurrarte
la realidad empieza a desdibujarse
te murmuro
tu sueño
dejo correr el tiempo
y voy leyéndote los mapas de la piel.

martes, marzo 04, 2008

Entretiempo (poemas)

Entretiempo


El viento la arrastra,
la empuja ondulante por la ciudad
-humo como niebla-
la hace crujir, gruñir, gritar,
fragmentarse en polvo sin que nos demos cuenta.

AUSENCIA (poemas)

AUSENCIA

El espacio quieto de tu cuello
antes de tocarlo, el temblor, la oscuridad
misericordiosa, la duda inquebrantable.

Carne contra labios, dulce carne,
las redes condenan al pasado.

El secreto imposible,
el sueño que no llega,
la habilidad para envolverte
en mi pierna sin ser visto,
la habilidad para hacer sentir
la ausencia sin partir.

¡Cómo te quiero! (narrativa)

¡Cómo te quiero!

¡Cómo te quiero!, lo dije con voz casi inaudible, es un alivio que no lo hayas escuchado o no sé si debo pensar que es una pena, simplemente es mejor así.... tú sólo sigue en la regadera, mientras pienso en ti.

¿Te parece difícil entender que alguien se una a los manifestantes sólo por simpatía?, ¿En serio?, ¿Ni siquiera entiendes porqué alguien puede convertirse en un revoltoso?, ¿Crees que es gente que no tiene nada mejor que hacer?, ¿Tampoco comprendes cómo alguien puede interrumpir estrepitosamente en la iglesia?, ¿O cómo alguien puede correr desesperadamente por la avenida, correr sin tener dirección, correr sin parar, sin tener en mente ningún lugar, sólo el impulso de correr con la respiración como atorada entre ramas y la voz que sale deja de ser un grito apenas un sonido, mejor dicho como si fuera más bien un ladrido, no una voz humana? ¿Crees que no deberían de hablar de injusticia, injusticia es enmugrar la ciudad y ocasionar embotellamientos cuando tú tienes prisa por llegar a la oficina?. Es cierto, tienes razón.

Para mí no es tan difícil, sé que seré uno de ellos, uno de esos desesperados que tú no entiendes. Seré yo el que corra de un lado a otro como un loco, el día que tú me llames y a través del auricular digas que me dejas. Esa noche desearé sentirme como antes de conocerte, como antes de creer ingenuamente que te conocía como ningún otro hombre lo haría. Antes de que dijeras que hay otro hombre aunque yo no lo pregunté, antes de que dijeras que había habido otros. Antes de que me dejaras un tiempo compartido y simplemente dijeras que las cosas siempre cambian. Antes de la ira en la garganta: tu cuerpo y el de un extraño, otro, no yo. La ira y el impulso de tomar tu cuello delgado, de apretarlo, de ver tus ojos cerrarse con la esperanza de que así acabe el dolor, cerrar esos ojos tuyos y olvidarlos. Luego saldré corriendo de la casa, sin importar la hora, al lugar que sea, y tú seguirás igual, no me entenderás, pensarás qué insensatez, estarás convencida de que tuviste razón en dejarme. Esta bien tú eres así y yo....mírame, te llevo la toalla al baño, la has olvidado en la cama.

¿Ana, en la desesperación o el miedo correrías hacia el dios de la violencia? ¿Levantarías un bate de béisbol como arma? ¿Conducirías una camioneta a alta velocidad? ¿Arrollarías a hombres y mujeres que se te pusieran al paso, gritando Hijos de su Santa Tolina de Atocha, más aún con un par de uniformados por la espalda, con sus motocicletas corriendo velozmente tras de ti?, ¿Ana, no podrías hacer algo así?, yo tampoco, ¿Tampoco harías algo como la pareja que vimos en el café?

Tocan a la puerta, observo el marco pero no hay siluetas ni pies en el resquicio, tú ni te inquietas, entonces creo que lo imaginé, te miro otra vez mientras te vistes con el vestido azul que es mi favorito.

¿Entonces sí recuerdas a la pareja, a esos que salieron sin pagar y que además aprovecharon la oportunidad para tomar el efectivo de las propinas de otras mesas?. A ese hombre lo vi hoy en el parque, estaba solo, lo vi jalando algo de entre los arbustos, luego vi que era un cachorro, paso cerca de mí, y escuche que le llamaba cariñosamente bofy; unos minutos después me encontré con un chico y su padre buscando al cachorro. ¿Qué a qué hora fue eso?, como a las seis, antes de venir a verte, como siempre puntual, para ver si funciona lo de domesticar, ¿qué ya no te diga tantas cosas raras? esta bien ya no lo haré, eso sólo lo entienden el principito y el zorro, no, no te dije zorra.

jueves, febrero 28, 2008

ECO, EL UMBRAL DE LA LIBELULA (poemas)

ECO

I
En la flaca recámara lamentable se cierra la puerta, pulso reposado;
del otro lado de la sombra, un tintineo de agua que cae: destierro.

II
Abre una ventana el viento un escalofrío que asemeja al recuerdo.

III
Como una fotografía escasa, café, envejecida, atormentada, sin granos de plata:
la sombra de la sombra.

IV
Los surcos de la vejez huyen tras ser sembrados,
bajo el sol se secan candente el sudor,
el delito de la voluntad,
las manos duras, -el maíz se mece en el incendio- ásperas.


EL UMBRAL DE LA LIBELULA

I
El monólogo
de la costumbre, el camino predilecto
de la sombra
sobre el muro, el dren
de los deseos; la escasa costumbre
de conservar la hierba
en las aceras, machacarla
en los juegos
de los niños, retorcidos de la muerte.

II
Divide la carne de los huesos,
con el filo finamente fría,
casi con desprecio,
con dos dedos detiene
el cabello que cae sobre su cara,
y la luz larga dilatadamente por la ventana,
se entromete en los ojos abiertos.

III
El silencio oscila antes
de tocarse -los delirios que atajan
al unísono, coro de un réquiem-,
la música que en el viento, -inquebrantable
la condena- se escucha.

IV
El tiempo
desvanece la piel
en arrugas, una voz
llega
despacio
pareciera
sin
deseos
de
llegar.
El reposo, el fuego apagado
entre las piernas; la quietud involuntaria
del musgo, el olor
de la impertinencia viscosa,
brota una nube negra.